12 ene 2012

Decreto-ley



Recibe, el poder en tus manos
Ejerce tu facultad, para cambiar las cosas
Para elegir la realidad
Tu voluntad es decreto-ley, la única autoridad

Y no llores más, es tan aburrido fracasar
sentirte bien, encontrar la fe
Caminar, un pie y luego otro pie
Lo conseguiré, seré el dueño de mi vida y lo veréis
Por decreto-ley

Puedes cambiar las cosas, mereces la oportunidad
Tu voluntad es decreto-ley, la única autoridad

Y no llores más, es tan aburrido fracasar
sentirte bien, encontrar la fe
Caminar, un pie y luego otro pie
Lo conseguiré, seré el dueño de mi vida y lo veréis
Por decreto-ley

¿Hasta cuando vas a resignarte?
¿Hasta cuando vas a compadecerte?

Es tan cómodo negarte a ti mismo
Convencerte que total no puede ser
Pídete lo imposible por una vez
En el prólogo abandonas el libro
Llenas tu vida de páginas sin leer
Puede ser, pidamos lo imposible por una vez

 

11 ene 2012

Cuando queramos

Érase una vez un hombre bueno, solitario, triste y soñador: creía en el honor y la valentía, e inventaba la vida. San Juan dijo: "El que no ama está muerto", y yo me atrevo a decir: "El que no inventa, no vive". 
Y llega a mi memoria algo que me contó hace años Isabel Blancafort, hija del compositor catalán Jordi Blancafort. Una de ellas, cuando eran niñas, le confesó a su hermanita: "La música de papá no te la creas, se la inventa". Con alivio, he comprobado que toda la música del mundo, la audible y la interna -esa que llevamos dentro, como un secreto- nos la inventamos. Igual que aquel soñador convertía en gigantes las aspas de un molino, igual que convertía en la delicada Dulcinea a una cerril Aldonza. Inventó sensibilidad, inteligencia y acaso bondad -el don más raro de este mundo- en una criatura carente de todos esos atributos. 




                       Discurso de Ana María Matute en la entrega del Premio Cervantes

8 ene 2012

Impregnados e inhalados

Los olores de tu alrededor impregnan tu recién lavada ropa. Inhalas suavemente para distinguir los aromas de tu camiseta ligeramente arrugada.
Hechas el aliento, despacio para resaltar a que huele. Es una mezcla de tabaco y café, lamiéndote el labio sigues tu camino hacia ninguna parte.
Encuentras una calle estrecha y con una farola de leve luz iluminándola y decides recorrela, lentamente para apreciarla. Una casa en la que no parece que haya nadie aparece delante de ti, culminándote de su inmensidad. Observas con atención un cristal algo sucio, en el cual exhalas tu aliento, y con el índice de tu mano derecha empiezas a escribir un nombre, ese nombre que susurra en tus melancolías, el mismo nombre por el que no dices palabra alguna. Con un último aliento hacia tus manos congeladas, vuelves por el camino que has venido, dejando aquel nombre en la ventana, borrándose sin más.




7 ene 2012

Resurreción

Recordar siempre lo vivido... Puede ser lo único que te lleve a la vida.



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